Martes, Diciembre 18, 2018
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INDICADORES DEL AGRO

AGRICULTURA- GANADERIA COFFEE - CAFÉ USD 0,99 AZUCAR- SUGAR USD 0,1228 COCOA - CACAO USD 2,306.00 COTTON - ALGODÓN USD 0,77 LUMBER - MADERA USD 327.40 SOYBEANS - SOYA (SOJA) USD 923.00 SOYBEAN MEAL - HARINA DE SOYA (SOJA) USD 316.10 SOYBEAN OIL - ACEITE DE SOYA (SOJA) USD 28.58 CORN - MAIZ USD 386.00 OATS - AVENA USD 291.00 WHEAT - TRIGO USD 532.75 ROUGH RICE - ARROZ USD 10.75 LIVE CATTLE - GANADO LECHERO USD 122.85 FEEDER CATTLE - GANADO DE ENGORDE USD 144.85 LEAN HOG - CERDO MAGRO USD 62.53 MINERIA-COMBUSTIBLES NATURAL GAS - GAS NATURAL USD 3.73 BRENT CRUDE OIL - PETROLEO BRENT USD 57.41 LIGHT CRUDE OIL-WTI - PETROLEO WTI USD 47.44 COAL - CARBON USD 76.05 METALES GOLD - ORO USD 1,253.10 SILVER - PLATA USD 14.72 COPPER HIGH GRADE - COBRE ALTA PUREZA USD 2.66 CAMBIO DIVISAS COLOMBIA Dolar (T.R.M) 3,188.66 Euro 3.608,00 Peso Méxicano 165.66 Real 853.33

FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO

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Opinón

Venezuela es esencia un país productor y consumidor de maíz. La tradicional arepa, elaborada a partir de la harina de maíz blanco, es considerada nuestra expresión culinaria más autóctona y base fundamental de la alimentación del venezolano.

El maíz es para nuestra economía agrícola desde los años 70, lo que represento el café para la Venezuela del siglo XIX e inicios del siglo XX. Desde la década de los años 90, este cereal ocupaba el 33.0 % de la superficie de cultivos en el país, representando el 25 % del valor de la producción agrícola vegetal y el 11.0 % de la producción agrícola total.

Fue una época dorada para la agricultura venezolana, presenciábamos una sana competencia entre empresas nacionales e internacionales, junto al personal de universidades y centros de investigación, por incorporar los últimos adelantos tecnológicos en este cultivo. De haber continuado la tendencia registrada en el crecimiento entre 1984 – 2005, para el año 2011 se proyectaba ya hubiésemos superado el 1.0 millón de hectáreas en nuestros campos, permitiéndonos no solo el autoabastecimiento de maíz blanco que habíamos logrado desde 1998, sino también de maíz amarillo.

Al comparar la producción nacional anual promedio en el trienio 1996 – 98  con respecto al 2006 – 08 observamos que el país tuvo un crecimiento del 141.0 %, pasando de 1.2 a 2.9 millones de toneladas anuales. Este crecimiento es muy superior al registrado por otros países que figuraban entre las principales naciones productoras para el mismo período tales como China (28.5 %), USA (26.5 %), Brasil (63.4 %) y México (28.8 %). Mostramos igualmente con orgullo, para ese mismo periodo, un incremento en el rendimiento del grano por unidad de superficie del 22.0 %, muy por encima del incremento promedio mundial de 16.0 % 

Entre el 2004 y 2010, pese al crecimiento demográfico, la producción nacional de maíz sostuvo un consumo aparente per cápita anual de 40.5 kilogramos. Para el 2010 el venezolano consumía 37.0 Kg de harina precocida de maíz por año, representando su primera fuente de calorías (14,5% de las calorías totales) y la segunda fuente de proteínas (10,4%).

Debido a las políticas impuestas por los gobiernos de Hugo Chávez y  Nicolás Maduro, desde el 2008 comienza a decaer la superficie sembrada, registrándose una caída en la producción interna al cierre del presente año sobre el 68.0 %, con respecto a las 2.9 millones de toneladas cosechadas en ese año. Nos han convertido intencionalmente, nuevamente en un país dependiente del mercado externo, al punto que hoy el 75 % del consumo nacional de maíz blanco, debe ser importado.

Como reza el refrán popular, se nos ha puesto cuadrada la arepa. Desde el 2013 la harina precocida de maíz desapareció de abastos y supermercados, con un índice de escasez del 80 %. Se estima que al cierre del 2017, el consumo per cápita anual descendió a 15,5 kilogramos.

Al cierre del mes de noviembre, los maiceros venezolanos ya finalizada la cosecha de lo poco sembrado, que se estima no haya superado las 250.000 hectáreas, reciben del Ministro del poder popular para la agricultura productiva y tierras, Wilmar Castro Soteldo, una trágica noticia, el “precio acordado” para el maíz blanco y amarillo húmedo fue fijado en 16 BsS el kilogramo.

En consideración de FEDEAGRO, organización que ha rechazado de manera pública y reiterativa, el continuar con la política de “precios impuestos” a sus cosechas, este monto representa el 33.3 % del ingreso requerido por los agricultores, siendo el precio solicitado para este momento 48 BsS para garantizar una “ganancia mínima al productor”.

Paralelamente el gobierno anuncia el “precio acordado” con los agroindustriales de 151 BsS para el kilogramo de harina precocida de maíz. Contradictoriamente el precio impuesto a los agricultores de 16 BsS solo constituye el 10.5 % del precio de la harina, cuando históricamente, siempre había representado alrededor del 40 %, lo cual denota el menosprecio que sienten hacia nuestros maiceros. Con la hipocresía que los caracteriza, llevarán a la ruina al agricultor venezolano, pagándole por la tonelada de maíz un precio irrisorio equivalente a 28 dólares, mientras compran el maíz importado sobre los 150 dólares. 

Esta medida podría convertirse en la estocada final al sistema maicero venezolano que cumple ya una década en caída sostenida. El Chavismo – Madurismo tiene entre su trágico legado el haber desaparecido 200 años de historia de Venezuela como exportador de café. Hoy, parece sellar similar destino al maíz y la arepa venezolana. Cabe preguntarnos, se lo  permitiremos también?

Somos maíz, somos arepa, somos Venezuela. Este nutritivo cereal es parte indisoluble de nuestra cultura e idiosincrasia desde nuestros aborígenes. No podemos como sociedad ser indiferentes ante la quiebra de nuestro sector agrícola que tantas satisfacciones nos trajo en el pasado reciente, siendo capaz de alimentar a diversas generaciones de venezolanos, y haber sembrado la riqueza generada, en nuestros pueblos y caseríos, impulsando el desarrollo de la ruralidad venezolana. 



Ing. Agr. M. Sc. Werner Gutiérrez Ferrer

Ex Decano de la Facultad de Agronomía de LUZ

@WernerGutierrez


En la parte I de esta columna, iniciaba la descripción del duro escenario que está padeciendo el sector ganadero nacional. En la peor crisis alimentaria de Venezuela en sus últimos 60 años, la actitud del gobierno no solo es irresponsable y disparatada, la misma es criminal, si consideramos el daño causado a la población al negársele el acceso a los alimentos, violando lo consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 que contempla "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure... la salud y el bienestar, y en especial la alimentación...".

El pasado viernes 9 de noviembre Nicolás Maduro mientras amenazaba por los medios de comunicación con tomar el 100 % de la distribución de la carne bovina, manifestaba su total respaldo a Wilmar Castro Soteldo, Ministro del poder popular para la agricultura productiva y tierras (MPPAT), asegurando “tiene todo mi apoyo para seguir en el plan de la Venezuela agrícola”. Una semana después, el viernes 16, es publicada la Gaceta Oficial N.° 41526, suscrita por Castro Soteldo, contraviniendo la orden presidencial a los gobernadores de apoderarse del 30 % de la carne producida en sus regiones.

En el artículo 1 de esta resolución, se prohíbe explícitamente “la emisión o ejecución de cualquier medida, restricción o gravamen, que impidan de manera directa o indirecta el acopio, transporte, distribución, comercialización o libre movilización de alimentos, bien sea de producción primaria o procesada, incluso sus subproductos, así como cualquier especie de ganadería, pesca o acuicultura, en pie o beneficiada”.

Esta acción que desautoriza a Maduro, es encabezada por el propio Ministro de defensa Vladimir Padrino López, en su condición de Comandante de la “Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro”, y secundada además del MPPAT, por los ministros de Industrias y Producción Nacional, Comercio Nacional, Alimentación y Pesca y Acuicultura

Al momento de escribir esta columna, en los estados Zulia, Apure, Bolívar, Barinas y Guárico autoridades locales, pese a esta resolución, insisten en retener el 30 % de las reses sacrificadas. Presenciamos un país anarquizado, impregnado de órdenes y contraordenes, y de “reyezuelos” locales, sin control.  Más grave aún, se desconoce por completo el destino de la carne retenida, existiendo la sospecha que está siendo comercializada fuera del país, y la riqueza generada desviada a las cuentas personales de algunos funcionarios, “unos crían el becerro, y otros se llevan la carne”. 

Cabe preguntarse frente al daño causado al circuito cárnico nacional por tan irracionales anuncios, llevando el desabastecimiento de carne de res al 90 % ¿Fue una decisión inconsulta de Maduro el pretender asumir el 100 % de la comercialización de la carne bovina? o al contrario ¿Fue una acción tomada en conjunto con su tren ministerial, pero asumida en desconocimiento absoluto del sector, sin medir los daños causados? ¿Será un nuevo globo de ensayo para medir la respuesta de la sociedad, en el intento del gobierno de estatizar el aparato agroproductivo nacional?   

Cual sea la motivación real de la marcha y contra marcha de Maduro y los ministros responsables de la política agroalimentaria nacional, ha quedado en evidencia el menosprecio que sienten hacia el sufrimiento de un pueblo que vio desaparecer la carne, debido a la escasez e inflación.

 

La carne de bovino fue el rubro que dentro del renglón alimentos, registro el mayor incremento en su precio en octubre, reportándose un incremento de 221,3 % (Cendas – FVM), ante las distorsiones creadas en un ya frágil mercado cárnico, que viene siendo víctima desde hace casi dos décadas, de medidas inconsultas y arbitrarias, mermando su capacidad productiva.

La medida anunciada en la gaceta N.° 41526, celebrada incluso por algunos gremios del sector agropecuario y empresarial, en realidad, nunca debió ser necesaria, si en Venezuela existiese estado de derecho y respeto a lo establecido en nuestra carta magna que establece en los artículos 112 y 115 la posibilidad de nuestros productores a “dedicarse libremente a la actividad económica de su preferencia...” garantizando “el derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes...”.

Es evidente que la apropiación total o parcial de cosechas y reses es violatorio a lo allí establecido, al no haberse cumplido los procedimientos para ser decretados productos “de utilidad pública” ni ocurrir la “justa indemnización”, para que el estado se apodere del producto del esfuerzo del sector agroproductor privado. Sin embargo, como ya es costumbre, la sumisión y el silencio del Ministerio Público y Defensoría del Pueblo, ante el poder ejecutivo, se había hecho presente frente a este atropello.

Un país en el cual su gobierno le declara la guerra a muerte a su sector agropecuario, mientras sus habitantes indiferentes les dan la espalda, no tiene futuro. La quiebra de la ganadería venezolana no la vive el gobierno, la sufre el ciudadano que tiene a sus hijos sin leche y carne. Imprescindible es, acompañar a los gremios agropecuarios en sus justos y necesarios reclamos.



Ing. Agr. M. Sc. Werner Gutiérrez Ferrer

Ex Decano de la Facultad de Agronomía

@WernerGutierrez


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